Estás atrapado en tu trabajo. Quemado. Lo odias.
Pero, aun así, ahí sigues.
De un vistazo podría parecer que la razón por la que continuas es la más evidente, pero siempre hay algo detrás que no está tan a la vista.
De más superficial a más profundo:
1. Dinero
Tienes un buen puesto, te pagan bien y, de alguna forma, consideras que el estrés está justificado en el sueldo. O eso te cuentas.
2. Trampolín
“Ahora toca aguantar que estando aquí podré conseguir algo mejor”
Un poco El Diablo Viste de Prada.
3. Falta de energía
El trabajo te deja demasiado agotado como para ese segundo trabajo de buscar un nuevo curro.
Hasta aquí lo que parecía ser la razón de que sigas ahí. Si te fijas son excusas que te cuenta la mente cuando te pones a pensar en ello.
¿Qué hay realmente detrás?
4. El único camino al éxito
Crees que tienes que hacer esto para tener la vida que buscas. Que la única vía que existe es quemarse todo lo que uno pueda para llegar a la meta. Vivir constantemente en un sprint final.
5. Falta de límites
Sigues un plan que no era el tuyo. Podrías creer que la planificación vital que tenías era la tuya, pero es posible que, si odias tu trabajo, el tema sea que estás haciendo eso porque compraste un mapa que no iba contigo realmente.
Pero que te dijeron que era el bueno.
Rebelarse en aquel momento era demasiado complicado.
6. Miedo al cambio
Entramos en el mundo del miedo, base de toda angustia.
¿Y si me cambio y luego estoy en una situación peor?
¿Y si es un error salir de aquí?
No hay ninguna garantía de que un cambio sea a mejor. Y ese miedo te hace acomodarte en tu situación actual. Haciendo cada vez más difícil saltar a otro lado.
7. Miedo al fracaso
Que es otra forma de decir: miedo a las consecuencias de ese fracaso.
A decepcionar por haber dejado una ruta más estable para meterte en otra más desconocida. Ahí puedes sentir que has fallado a los que te apoyan y apoyaron en conseguir lo que tienes ahora.
Y esa decepción es entendida por la parte más animal del cerebro como el miedo más aterrador desde que vivíamos en cuevas: miedo a estar solo.
Entonces, ¿qué hacer dado este panorama?
Primero de todo, para salir de un trabajo en el que te sientes atrapado necesitas claridad mental. Y la claridad se consigue cuando estás en calma. Cuando consigues abandonar el estado constante de tensión que hace emerger esos pensamientos más saboteadores.
Para conseguir esa calma, hace falta que te regules. Que aprendas a salir del estado de tensión o agotamiento e ir a un punto más equilibrado.
Por otro lado, para dar el paso, necesitas energía. Es decir, la habilidad de custodiar tu energía. Limitar bien tus fronteras de los que te drenan.
A partir de ahí tendrás lo que hace falta para dar el paso.
Y no tiene por que ser un cambio de golpe.
Planifica tu transición. Diseña un plan con sus rutinas para que en un tiempo adecuado para ti te lleve al puerto que quieres.
Pero primero, necesitamos claridad mental y energía. Y de eso hablo en mi newsletter gratuita. Aquí debajo puedes suscribirte gratis.
Por tu paz,
Manuel Umbert.
