La primera vez que fui me sentí insultado.
Había llegado a Nueva York y estaba perdido por la 6ª avenida buscando el edificio Chrysler. No tenía datos en el móvil así que fui a preguntar a un señor por dónde era.
“No”
Me dijo en plan borde.
No me dijo ni dónde era, ni si me había entendido, solo ¡¡¡¡NOOUUU!!!.
En ese momento me enfadé, me lo tomé personal.
“Igual era un republicano de la Asociación del Rifle votante de Trump y me estaba rechazando por ser algo moreno…”
Pensaba.
Pero luego, cuando llegué al edificio Chrysler, al preguntar al portero dónde estaban los ascensores, no fue más simpático que el otro tipo.
Y el camarero del restaurante donde cené esa noche tampoco.
Y lo mismo el puertas del local al que salí después.
Entonces lo entendí.
No era personal, sino cultural de esa ciudad, por así decirlo.
Cuando le puse ese nuevo marco mental, el resto de respuestas que oí de los neoyorkinos me entraron por un oído y me salieron por otro.
Ante las mismas situaciones, pasar de enfocarlas como “me están rechazando” a “así son en esta ciudad” hizo que mi reacción fuese completamente distinta.
Sin tensión.
Eso que te pasa en tu día a día que te estresa. Ese pensamiento. Esa persona. Eso que temes… Si cambias el marco mental que le estabas dando cambiará tu experiencia respecto a ello.
Re-enmarcar es una habilidad que enseño en mi newsletter. Puedes suscribirte gratis a continuación.
Por tu paz,
Manuel Umbert.
