Con 4 habilidades bien aprendidas vale para dejar atrás la tensión.
¿El problema?
Que la intuición va por otro lado.
Por ejemplo, cuando el estrés aparece con un pensamiento determinado.
¿Y si… [introducir contenido correspondiente]?
Ahí, la intuición te dice que si aparece ese pensamiento es porque algo hay. Algo que no estás viendo. Algo que puede estar oculto en ti o en el futuro y puede dejarte k.o. si no lo previenes…
Y la intuición también te dice que toca resolver esa cuestión.
Analizar ese pensamiento.
Darle vueltas a los posibles escenarios, a lo que te ha pasado, a lo que dijo esa persona…
Resolver la ecuación y despejar la incógnita.
Esa es la lógica que siguen algunos profesionales. Las sesiones se convierten en hacer ese análisis entre el terapeuta y tú.
E igual puede pasar un año, dos… hablando de ese tema y como que sí, parece que ese pensamiento no intimida tanto, lo tienes tan visto que incluso ya aburre de tanto hablar de él…
Terminas con ese terapeuta, te sientes mejor, pero al poco tiempo aparece un nuevo “y si…”
Y la tensión te golpea de nuevo.
En todo el pecho.
Y vuelves a las andadas.
Le cambiaron el collar al perro con el que estabas acostumbrado a verle y te vuelve a asustar.
Resulta que el problema no fue ese pensamiento por el que te perdiste la primera vez. Ese pensamiento, aunque no lo creas, es universal, aparece en la mente de todos alguna vez por lo que sea.
El problema fue que no reconociste lo que era un pensamiento.
Y a partir de ahí entraste en bucle.
Por eso te decía al principio que con pocas habilidades bien aprendidas e integradas puedes mantener a raya el estrés de por vida.
Y una de ellas es aprender a ver lo que es un pensamiento.
A mí fue de lo que mejor me vino para dejar el estrés hace años.
Y la mente ha seguido funcionando, mandando películas de todo tipo, pero el estrés nunca volvió.
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Por tu paz,
Manuel Umbert.
