Por qué Henry Ford se comió a la competencia

Henry Ford fue uno de los que más creció con el boom industrial de principios del siglo XX en Estados Unidos.

Después de lanzar el Model T en 1908, un coche producido en masa orientado a la clase media del momento, reventó el mercado.

En aquel momento, los trabajadores de las fábricas de Ford y de la competencia trabajaban entre 10 y 12 horas al día.

Debido a la rápida expansión de la industria de entonces, nadie se planteaba hacer ningún cambio en sus modelos.

Nadie, excepto Ford.

Él estaba obsesionado con optimizar su modelo de negocio.

Medía todas las variables que podía.

Y se dio cuenta de que la productividad de sus trabajadores caía en picado a partir de la octava hora y que no consumían.

No tenían tiempo para pensar en nada más si se pasaban 10 horas al día o más en la fábrica.

Y Ford no solo quería ser el mejor, quería hacer de su empresa una especie de familia en la que sus trabajadores van y vienen a sus fábricas en los coches que fabricaban.

Entonces redujo la jornada a un máximo de 8 horas y subió el salario a 5 dólares al día (el doble de la competencia).

“Este hombre se ha vuelto loco”

Pensaba su competencia.

Pero el resultado fue que los empleados no solo aumentaron su productividad, sino que estaban orgullosos de formar parte de Ford. Compraban los coches y tenían una vida después del trabajo.

Ahora no se trata de que te pongas a pensar en horas, pero quizás puedes cuestionar si meterte más presión te ayudaba a rendir.

Empezar a cuestionar esa creencia ayuda a tu mente a buscar otra manera. Así, donde aparecía la presión por correr más, dejas espacio para actuar de otra forma.

Menos exigente.

Y eso va marcando la diferencia.

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Por tu paz,

Manuel Umbert.