Cumbres Estresosas

Todos los años alpinistas occidentales viajan a Nepal para coronar el Everest.

Encajan el viaje en unos cuantos días que tienen de vacaciones y se compran el equipo que necesitan.

Vuelan a Katmandú, suelen hacer noche por el Thamel, el barrio más turístico de la ciudad, donde recorren sus calles llenas de tiendas de alpinismo y souvenirs.

Al día siguiente los recoge un autobús para llevarlos hasta el campo base del Everest, a unos 5.000 m sobre el nivel del mar.

Cuando empieza la caminata hacia la cumbre, los extranjeros solo piensan en alcanzar la cima, sacarse la foto y volver a su país sanos y salvos, es decir, tienen en mente solo la meta.

El viaje dura pocos días y sí o sí tienen que estar arriba en fecha.

No se permiten otra opción.

Recorren los primeros tramos a buen ritmo. Se ven fuertes. Algunos dicen que no es para tanto…

Pero cuando intentan mantener ese ritmo a mayor altura… empiezan a sentir que la cosa no era tan fácil.

Aparece la frustración.

Sin embargo, la mayoría no se plantea bajar revoluciones. Se empujan a seguir a la misma velocidad. Quedan menos días y la montaña no se va a subir sola…

Pero la realidad se acaba imponiendo.

Y aparecen las lesiones, el mal de altura y la falta de oxígeno.

Ahí es cuando el alpinista occidental mira al sherpa, que hasta ahora consideraba que era un tipo lento que no entendía que tenían que estar arriba en tan pocos días. Y le pregunta cómo lo hace.

El sherpa le cuenta que no piensan constantemente en la cima.

Ya saben cuál es la dirección.

Suben un tramo, se dan el tiempo necesario para aclimatarse, van más despacio, sin prisa. Si hace falta retroceder no se obcecan en aguantar a toda costa.

Y así, el sherpa sube y baja la montaña tantas veces en su vida como quiere.

Hay un equilibrio entre su objetivo y el ritmo adecuado para alcanzarlo.

Sin agotarse.

Y de eso va salir del estrés.

Yo no soy sherpa, pero si quieres explorar una vía para avanzar hacia tus metas sin tanta presión, puedes suscribirte gratis a mi newsletter.

Por tu paz,

Manuel Umbert.