No ha habido manera.
Hoy no he pegado ojo.
Me recordó a mis épocas de mayor estrés hace años.
Cuando noche tras noche dormía fatal o directamente no dormía. Incluso en vacaciones ni el sonido de las olas del mar lograba relajarme.
Era tan frustrante…
¿Y qué hice esta noche?
Nada.
Aceptar que era una de esas noches donde no hay manera, y contar con que al día siguiente (hoy) estaré más cansado.
Esa aceptación fue, precisamente, la que hizo que cada vez durmiera mejor.
Cuando de madrugada ves que no duermes, toca aceptarlo.
Porque de lo contrario, estás aumentando la presión sobre ti mismo para dormirte cuanto antes.
De nuevo, las exigencias.
Y esa presión lejos de conciliar el sueño te va a mantener en alerta, despierto, toda la noche.
Aceptar es una forma de dar espacio a tu sistema nervioso para que empiece a regularse por sí mismo. Y con el tiempo, dejas de vivir entre picos de tensión y agotamiento. Pasas a un estado más estable.
Ahí la cosa cambia, las noches de insomnio son puntuales, como esta pasada que he tenido yo, y el resto duermes como un lirón.
Aceptar y aprender a regularte son clave para dormir bien.
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Abajo la tienes.
Por tu paz nocturna,
Manuel Umbert.
