Una retirada a tiempo te da paz duradera

Te he hablado muchas veces de la importancia de poner límites.

Una vez que se empieza, cada persona tiene su manera de hacer que sus fronteras personales permanezcan en su sitio.

Unos dicen no en cuanto oyen algo que no va con ellos.

Otros se enervan enseguida.

Otros dicen que sí 20 veces y luego es que no.

Otros pasan completamente del tema.

Y hay otros que se retiran en paz.

Estos últimos no necesitan agradar a su ego golpeándose el pecho para sentirse más fuerte como un gorila entre su manada.

Tienen claros cuáles son sus síes y sus noes, y no tienen necesidad de sentirse más fuertes que quien tienen en frente. Con asertividad, ponen su sí o su no de una manera que ellos encuentran cómoda. Y si no es respetado ese límite, se retiran en paz.

Se levantan amablemente de la mesa si la discusión no va con ellos.

No se obcecan con aguantar a toda costa en un trabajo porque confían lo suficientemente en sí mismos como para retirarse a otro trabajo si no se respeta su lugar.

Su prioridad es su paz, no su ego.

A partir de ahí, viven sin necesidad de tener ningún conflicto con nadie. Son tan flexibles y tienen tanta confianza que no están donde no quieren estar.

Y, lejos de alejar a personas, atraen a otras que se alinean completamente con sus valores.

¿Cómo se consigue esto?

Cada persona tiene sus cómos.

La clave es preguntarte para qué haces lo que haces en cada momento.

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Un abrazo,

Manuel Umbert.