Imagina que te quedas en blanco delante de 100 personas.
En medio de una exposición importante.
Llevabas semanas preparando esta presentación sobre tu proyecto junto a todo tu equipo y, en el momento culmen, cuando vas a intervenir tú, se te va completamente el hilo. Te lo sabías de pe a pa, pero las miradas de la gente, la iluminación, la tensión que se iba generando desde antes cambian todo… y tienes que dar un paso atrás para que intervenga otro compañero…
Me da igual si te ha pasado esta situación u otra diferente en el trabajo o donde fuera, lo importante es lo que viene a continuación.
Después de eso, lo habitual es ponerse en alerta cuando se acerca una situación parecida.
Pensar obsesivamente en qué ha podido fallar.
Reñirse, decirse de todo…
Darle vueltas a el qué pensará el resto del equipo.
Imaginar escenarios catastróficos…
Pero ¿y si es todo más sencillo?
Veamos.
Si has visto algún documental de La 2, sobre la sabana africana, quizás sepas lo que hacen las gacelas después de huir de una leona.
Las que sobreviven, claro.
Cuando han conseguido escapar y por fin están a salvo en un lugar donde reconocen que no hay peligro, se ponen a temblar.
Descargan toda la tensión que han acumulado en el momento de riesgo.
Hacen una digestión de lo que ha pasado dejando que su sistema nervioso se regule por sí solo.
No empiezan: “estúpida gacela…cómo no viste que ahí había un león… ¡¡si llevas viviendo aquí 5 años… tendrías que saber que eso es territorio de leones!!”
Se dejan en paz.
Lo digieren, se estabilizan y siguen con su día.
O, si tienes perro, verás que cuando hay tormenta, el perro tiembla mientras busca cobijo y luego sigue con su día siendo el de siempre.
Si la persona que se quedó en blanco lo deja estar, se deja digerir lo que ha pasado después de la reunión, la cosa cambia. Las reuniones no se convierten en un momento crítico, sino en un acontecimiento más.
Digerir es la forma natural del ser humano de autorregularse tras una situación muy estresante, pero para conseguirlo es necesario desaprender ciertos hábitos que te limitaban.
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Por tu paz digerida,
Manuel Umbert.
