El burnout en tiempos de la URSS

¿Quién querría ser más productivo que un megaestado comunista que aspiraba a dominar el mundo?

La URSS necesitaba producir más armas, más barcos, más tornillos, más tecnología, más humanos productivos, más todo… para ganar a Estados Unidos y al resto del “mundo libre”.

Si cometían un error, podrían perder la carrera.

Y no solo eso.

La carrera contra el capitalismo iba ya en desventaja tras la Segunda Guerra Mundial. Mientras en Estados Unidos no había caído una sola bomba salvo en Pearl Harbor, y tenían una industria con unos recursos casi ilimitados a su servicio, la Unión Soviética estaba devastada.

Necesitaban ser productivos.

Esa era la obsesión de los líderes soviéticos.

Entonces pensaron que, al exprimir al ser humano, sacarían todo su jugo. Todo su potencial.

Y crearon los gulags, campos de trabajo donde los opositores, criminales y enemigos del Estado producían sin parar.

En esos lugares, en el ejército y en las fábricas, el personal era llevado al límite. Si fallaban, les castigaban severamente, si se equivocaban, les interrogaban duramente como si fuesen espías, si bajaban la producción, eran amenazados…

Con el objetivo de que todo rindiera al 100%.

Pero, con el tiempo, fueron dándose cuenta de que ese trato hacía al trabajador torpe, confuso, apático, y su rendimiento caía en picado.

Al verlo, decidieron llevar ajustes discretos.

Y digo discretos porque no se atrevían a que el pueblo dejara de temer ir al gulag o que el ejército perdiera su reputación de temible.

Empezaron a premiar con más comida al trabajador que rendía mejor, organizaron turnos para que el preso descansara e, incluso, dieron algún incentivo material.

Quizás los cambios llegaron demasiado tarde y la URSS se vino abajo, pero parece ser que instintivamente uno cree que cuanto más duro se sea con uno mismo, mejores resultados va a obtener.

Y todo pasa por cuestionar esa idea a tiempo.

Si quieres empezar a escapar del gulag interno, doy más claves sobre el estrés y el burnout en mi newsletter gratuita. Aquí debajo puedes suscribirte.

Por tu paz productiva,

Manuel Umbert.