¿Y si acelero con el semáforo en rojo?

Mira.

De los pensamientos más desafiantes que se pueden tener, están esos en los que parece que vas a perder el control.

Esa escena en la que un personaje que se parece a ti hace una barbaridad a un familiar o a ti mismo.

Si no ves el truco, suelen ir acompañados de una sensación que se puede sentir como muy dolorosa. Una mezcla de miedo e impotencia por creer que uno es capaz de hacer eso que se reproduce en la mente.

Entonces igual crees que te tienes que controlar.

Que si no estás en guardia ante esas escenas, te puedes descontrolar y hacer algo de lo que te arrepentirás toda la vida.

Y ese miedo a perder el control se expande a todas las áreas de tu vida.

Y mides cada acción que haces como si estuvieras en un juicio.

Vas con pies de plomo con cada mail que escribes en el trabajo, con cada cosa que dices, te fijas mucho en la expresión de la cara de la persona que tienes en frente no vaya a ser que te mire raro…

Tu vida pasa a ser eso, un juicio.

Si te fijas, todo partió de que un día apareció un pensamiento en forma de imágenes con una escena de terror.

Hoy te dejo con una pregunta para que reflexiones:

¿Hay alguna diferencia entre esas escenas más “terroríficas” y otras escenas mentales de ti paseando por la playa, por ejemplo?

Pista: no me refiero al contenido.

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Por tu paz práctica,

Manuel Umbert.