Porque estás haciendo una cosa y tu mente te enreda con la siguiente.
No has terminado de beberte el café y ya estás pensando en el mail que tienes que enviar.
Aparece esa imagen de la persona que tenía que recibirlo, o una frase mental que te mete prisa. Y entonces te agitas, quieres correr con lo que estás haciendo para ponerte con lo siguiente.
Cuando llevas varias cosas hechas en el día, igual no te acuerdas ni de si diste de comer al perro esa mañana.
Y así constantemente.
Toda esa prisa viene de querer evitar una supuesta amenaza de la que tu mente te quiere alejar o un objetivo al que quieres acercarte.
Y es curioso que, tanto para uno como para otro, necesitas hacer lo mejor posible lo que haces para tener el mejor resultado.
Es decir, cuando tú haces una determinada acción en el trabajo, por ejemplo, estás cultivando ahora para recolectar en el futuro un resultado.
Cuanto mejor cultives en el momento, mejor saldrá la calabaza.
Por eso, aunque a la mente le encanta ir corriendo a todos lados porque cree que llegar antes es llegar mejor, tú puedes llevar tu atención a lo que estás haciendo.
Como si solo existiera eso que tienes delante.
Dejar a la mente que se vaya por donde quiera, pero tú puedes centrarte en el momento presente.
Si estás duchándote, disfruta de la ducha, no te dejes arrastrar por tu mente a que tienes que preparar el desayuno.
Si te estás dando 5 minutos para un café, disfruta del café, respira, mira por la ventana, no te vayas a la reunión que tienes al acabar el café.
Así, mientras los demás entran en la reunión con ansias de acabar pensando en lo que tienen después, tú, al ser el único o la única que está presente, serás quien tenga más claridad mental.
Resultado a medio-largo plazo: paz, ascenso, cliente contento, mayor productividad.
Estar presente es una habilidad que se entrena. Por eso, en mi newsletter me gusta dar claves sobre ello y otras habilidades anti-estrés. Puedes suscribirte gratis a continuación.
Por tu paz productiva,
Manuel Umbert.
