Mira, no me gusta.
De hecho, las veces que lo he cogido desde que tuve el permiso se cuentan con una mano.
Me refiero al coche.
Ni siquiera me fijé en el tipo de coche que conducía en las clases, no podía darme más igual.
No he visto nunca la Fórmula 1 y los anuncios donde sale Nadal vendiendo un coche no me atraen lo más mínimo.
Ni tampoco quiero un lambo.
¿Pa qué?
Ir hasta Móstoles a sacarme el carnet era un auténtico suplicio…
La primera vez fui con un agobio tremendo y suspendí por aparcar en prohibido.
La segunda vez me temblaban las piernas y casi me empotro contra un camión en la autopista.
La tercera vez estaba desesperado y no me acuerdo por qué suspendí…
Pero ya.
Hasta aquí.
Estaba harto.
Entonces probé algo nuevo.
Todas las mañanas, desde el tercer suspenso, tras mi práctica de meditación, iba a estar 5 minutos visualizándome a mí habiendo aprobado el carnet.
Me veía en mi mente conduciendo tranquilo, con una sonrisa amable, haciendo con naturalidad todo lo que el examinador me pedía… y, al final, diciéndome que había aprobado.
Entonces me visualizaba dando saltos de alegría.
Fue un mes después del tercer suspenso cuando me presenté de nuevo.
Y sí, había ciertos nervios al principio, pero nada que ver con las tres veces anteriores.
Estaba mucho más tranquilo, más confiado, daba incluso por hecho que iba a aprobar…
Y así fue.
Hice un examen redondo y se cumplió la visualización.
Y esto tú también lo puedes llevar a tu práctica.
Prueba a darte unos minutos al día para visualizar esa versión futura de ti que quizás está en el trabajo… un trabajo que le gusta, con un equipo que adora… haciendo sus tareas con una sonrisa y completa paz.
Dale a tu cerebro una dirección para que se ponga a trabajar en ello y verás lo que pasa.
Más claves en mi newsletter. Aquí debajo puedes suscribirte gratis.
Por tu paz productiva,
Manuel Umbert.
