Hoy parece que muchos en Europa lo han olvidado.
Y también en Israel…
Cuesta creer que algunos de los hijos y los nietos de los supervivientes del horror nazi estén haciendo lo mismo en Palestina, no sé que pensarían personas como Edith Eger.
A Edith la arrancaron de su Hungría natal cuando tenía solo 16 años y la llevaron a Auschwitz junto con sus padres y su hermana.
Nada más poner un pie en el campo de “concentración”, sus padres fueron llevados directamente a la cámara de gas.
A partir de ahí empezaría una pesadilla que, afortunadamente para ella y para su hermana, terminó cuando los aliados las liberaron.
Quizás tú tengas estrés, llegues todos los días al trabajo y empiece esa presión en tu cuerpo que va a más durante el día, hasta que al final no tienes ganas de nada y no sabes ya cómo quitarte eso.
Lógico, pero piensa en ella.
La tensión del día a día en Auschwitz, el humo negro saliendo a diario por esas chimeneas oscuras de quienes antes eran compañeros de bloque, asesinatos aleatorios cometidos por sus captores, noches sin dormir en tablas de madera preguntándose qué pasaría mañana…
Muchos de los supervivientes quedaron marcados de por vida, pero ella no… y por eso te traigo su historia hoy.
Edith, cuando por fin salió de ahí, tomó una decisión.
A partir de ese momento, eligió que no sería una víctima, que quería sanar y soltar lo que había vivido, y utilizarlo para crear valor al mundo.
Y desde esa elección, vive todavía hoy, a sus 98 años.
Ha escrito varios libros apoyándose en su experiencia para mostrar la capacidad de elección de una persona de ser libre a pesar de lo que pase fuera.
No fue de la noche a la mañana, pero la clave fue que ella eligió.
Y tal vez, tú ahora puedas darte permiso para elegir contarte otra historia y tomar acción para salir de ese día de la marmota tan agotador.
Elegir.
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Por tu elección consciente,
Manuel Umbert.
