NOTA: Empieza esta secuencia por el artículo Paz Productiva.
Y, por último, mi favorita.
A ver.
Una vez que has creado tus propios rituales de regulación y eres capaz de equilibrarte en cuestión de minutos cuando aparece el estrés, ya no necesitas entender todo lo que te pasa por la cabeza, has desarrollado la habilidad de conectar con tu paz de forma que, pase lo que pase fuera, tú seguirás adelante, y tu bienestar no depende de ir a sesión con un terapeuta cada semana… hay algo más…
Hay un quinto elemento que lo puede echar todo por tierra.
Que puede arruinar tu paz y tu progreso.
Que te puede dejar k.o. si no sabes lidiar… con ellos.
Con los vampiros.
Vampiros que no te van a chupar la sangre, pero sí te van a succionar tu energía y tu tiempo para lograr sus intereses.
A ellos no les importa que sientas estrés o que no puedas más, necesitan de ti para sus intereses, o les encanta picarte para divertirse. Ellos y ellas son lo único que les importa.
Y pueden tomar rostros conocidos: ese jefe, ese familiar, “amigo”, vecino…
Están entre nosotros.
Por eso hoy quería presentarte a la paz repulsiva.
Esta paz es como la luz del sol: si la consigues, su capacidad de manipularte se desintegrará como un vampiro al amanecer.
Consiste en aprender a custodiar tu paz, conectar con tu fortaleza interna, decir que no sin culpa y no sentirte egoísta por priorizarte.
Recuerda que, para apoyar mejor a los tuyos, tú tienes que estar bien primero.
Te animo a que reflexiones sobre las cinco paces que componen la paz productiva. Te plantees cómo puedes desarrollarlas o si hay alguna de ellas en la que te gustaría profundizar.
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Buen finde,
Manuel Umbert.
