Es tentador.
Irse de un trabajo problemático, estresante, agotador y con un entorno tóxico.
Sí, es tentador y puedes tener suerte y encontrar un empleo en el que la gente sea tan maravillosa que estés mucho mejor.
Pero ojo, el primer trabajo también estaba hecho de hábitos y patrones que tú habías aprendido y esos hábitos se pueden mudar contigo a un trabajo, y a otro, y a otro… Esa es una de las razones por la que gente brillante tiene varios movimientos de un trabajo a otro en relativamente poco tiempo, dentro de su CV.
Como digo, sí, se puede tener suerte y encontrar gente que te contagie su buen rollo.
Pero es una apuesta arriesgada, ¿no te parece?
Hay una alternativa.
Reconocer que esto de lograr cambios va de dentro hacia fuera.
Sí, como hacer de vientre.
Si quieres tener un trabajo que no te mantenga en una constante tensión, te deje quemado cuando llega el fin de semana y con el que acabes harto… por no hablar de que haya algún vampirillo chupándote la energía, toca mirar adentro.
Y no hablo de analizar tu infancia, ya me conoces.
Me refiero a que toca ver qué exigencias había de fondo, quizás desde hace demasiado tiempo.
Hacerte consciente de qué creencias te estaban limitando.
Detectar los hábitos que llevabas en tu día a día.
Y cuestionar esas creencias, dando lugar a nuevas formas de relacionarte con la realidad, soltar exigencias del pasado y crear nuevas conductas que hagan emerger tu paz.
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Por tu trabajo transformador,
Manuel Umbert.
