Esa persona que da por saco, que te saca de quicio, que no soportas… sigue ahí por algo.
Claro que te gustaría librarte de él o de ella, pero es muy incómodo ponerles un límite y decirles que no.
Lo cómodo es dejar que campen a sus anchas por tu territorio. Ahí no hay una situación que pueda ser incómoda. No sientes que te arriesgas a nada.
Sí, te estresa, es agotador, pero es lo que conoces y como es conocido pues la situación es predecible.
Y lo mismo con pensamientos.
Lo cómodo es darle vueltas a un pensamiento que no entiendes y es molesto.
Hay tensión, sufres, sí, pero es lo conocido.
Sabes que si le das vueltas se irá un rato. Y luego volverá.
Y así.
Conoces cómo funciona y aunque sufras, de nuevo, es todo predecible.
No está ni bien ni mal. Es una forma de vivir. Millones de personas en el mundo viven en ese día a día y así se quedan hasta el final de sus días.
Porque es así.
Si tú tienes la costumbre de dejar que la gente o los pensamientos campen a sus anchas por tu territorio, esa costumbre no desaparece por arte de magia.
Pero igual ya empiezas a estar harto de esas costumbres y quieres probar algo nuevo.
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A continuación.
Por tu paz,
Manuel Umbert.
