Hace años, me pasaba el día dándole vueltas a mis preocupaciones.
Vivía en una lucha interna por intentar controlar lo que pensaba… no vaya a ser que aquello que temía ocurriera.
Todo eso hacía que me pasara el día con mucho estrés…
Y la noche también.
Llegaba hasta la madrugada en ese diálogo interno interminable con una tensión en el estómago que cada vez que iba al fisio tenía que dedicarle tiempo a masajear esa zona.
En una de esas noches ocurrió algo.
Estaba tumbado, despierto, mirando al techo mientras me perdía en mis pensamientos cuando de repente, mi brazo empezó a hacer algo extraño.
Como si tuviera un corazón dentro, mi bíceps empezó a latir como si acabara de correr una maratón.
No sabía qué estaba pasando…
Y cometí uno de los errores que hacía entonces.
Buscar información sobre “síntomas”.
Me metí en google y lo primero que me sale es que eso podría ser síntoma de ELA.
Ahora sí que estaba aterrado…
Igual esa experiencia de ver temblar alguna parte del cuerpo la has vivido.
Es habitual que ocurra en el párpado, pero a cualquier músculo le puede pasar. Y si es uno grande como en mi caso y bombea con fuerza, puede ser muy chocante.
Bueno, no es ELA, se llaman fasciculaciones (sí, a tooooodo le tienen que poner un nombre).
Es una descarga de tensión que hace el músculo de forma natural cuando lleva sometido a mucha tensión durante mucho tiempo.
Y ahí está la clave.
Natural.
Tu cuerpo soltando lo que no puede seguir aguantando. Si te pasa, no hay que controlar nada. Solo saber que estás llevando un ritmo que tu cuerpo ya no aguanta.
Y el cuerpo se queja.
Para evitar llegar a ese punto, toca aprender a regularse.
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Por tu paz regulada,
Manuel Umbert.
