Esto fue algo que a mí me jodió por dentro.
Me encantaba racionalizarlo todo.
Analizar las cosas. Las que me preocupaban.
Creía que así daría con las mejores soluciones para mi vida o el problema que se presentase. Pensaba que estaría mejor preparado.
Pero por alguna razón, darle vueltas, tantas vueltas a las cosas, no calmaba las preocupaciones de mi mente, me generaba cada vez más tensión en el estómago y acababa agotado.
Saturado de tanto pensar.
¿Por qué?
¿¡Qué estaba haciendo mal!?
Sabía resolver un problema de 4 horas de Hidráulica de la facultad de Ingeniería de Caminos, pero no conseguía resolver las ecuaciones de la mente…
Y es que, si entras en el juego de la mente, no puedes ganar.
La mente siempre gana.
Siempre va a encontrar un argumento nuevo o va a aparecer una idea que no le convence.
Parece que si piensas lo suficiente, encontrarás la paz. Pero ya sabes cómo acaba eso.
Darle vueltas a las preocupaciones para calmarse es como usar gasolina para apagar un fuego.
Lo bueno es que todo esto es un hábito: cómo te relacionas con tus pensamientos es un hábito en sí que puedes cambiar.
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Por tu paz,
Manuel Umbert.
