Lo que te mantenía en la orilla equivocada

Creer una cosa u otra no está ni bien ni mal.

Pero creer una cosa u otra te lleva por caminos distintos.

Uno probablemente ya lo estás recorriendo, y te estás encontrando bichos que te chupan la energía, situaciones de tensión, pensamientos que odias tener, agotamiento, oscuridad…

Vas por la orilla del río que queda en sombra.

Pero cuando el cauce se estrecha, puedes ver que al otro lado del río hay un nuevo sendero que recorre la orilla opuesta. Un camino más tranquilo y soleado. Sin zonas oscuras donde se esconden sanguijuelas.

Quieres transitarlo, pero no sabes cómo cruzar el río.

La corriente hace que las técnicas de natación que sabías hasta ahora no te sirvan para cruzar. Lo has intentado muchas veces, pero la fuerza del agua te ha vuelto a tirar una y otra vez a la orilla en la que estás.

Dejándote cada vez más agotado.

Creyendo que ese sendero es el tuyo y que jamás podrás cruzar al otro lado.

Ahí entonces empiezas a creer que no puedes. Que si quieres que te vaya bien en el trabajo, tienes que acostumbrarte a vivir agotado.

Y como te decía, no está bien ni mal, pero ¿qué tan útil es para cruzar al otro lado?

Probablemente, sería como atarte una mano a la espalda mientras intentas cruzar de nuevo el río.

¿Y si en lugar de creer que te tienes que resignar a vivir con estrés te cuentas otra cosa?

¿Que quizás no es que no puedas, sino que no sabías hasta ahora cómo navegar por esas corrientes para llegar a la otra orilla?

Eres tú quien decide qué creer.

Si te resignas a estar en esa orilla porque consideras que no se puede, es respetable, pero si a pesar de haberlo intentado una y otra vez, no has podido y aun así eres tan cabezota como yo de confiar en que puede haber otra manera de cruzar, ahí puedo ayudarte.

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Manuel Umbert.