Imagina que te muerde una serpiente.
En vez de curarte el veneno, la persigues para entender por qué te mordió. Para demostrarle que no lo merecías.
Absurdo, ¿no?
Pues eso es lo que haces con los pensamientos que te estresan.
Aparece uno que te remueve. Y en vez de dejarlo estar, vas tras él. Le das vueltas. Buscas el porqué. Crees que si lo entiendes, tendrás paz.
Vuelves a por la serpiente. Y te muerde otra vez (ella encantada de que vuelvas).
Pero tú te llevas doble ración de veneno y ninguna respuesta.
Sí, esta semana va de serpientes.
Ahora cambia la serpiente por un pensamiento.
Y el veneno por esa tensión en el estómago que conoces bien.
Quizás ahí te ves más en la historia.
Una vez aparece el pensamiento, ya ha aparecido. No puedes des-pensarlo. Pero sí puedes elegir qué haces después:
Opción A: Perseguirlo. Darle vueltas. Buscar explicaciones. Estresarte el doble.
Opción B: Verlo como lo que es y dejarlo pasar.
La habilidad de contemplar, que te comentaba ayer.
Es soltar la necesidad de entender cada pensamiento para estar en paz.
Y es una habilidad que se entrena.
Si quieres que te enseñe cómo, tienes abajo mi newsletter donde doy claves a diario:)
Por tu paz contemplada,
Manuel Umbert.
