¿Algún día me libraré de esto?

La pregunta del millón.

Que sobre todo viene en esos momentos en los que la tensión aprieta. Cuando uno corre a buscar información sobre lo que le pasa e intenta aliviar de inmediato esa presión.

Y sí, alivia un rato, pero luego vuelve.

Y entonces uno siente frustración y vuelve esa pregunta: ¿algún día me libraré de esto?

La respuesta es dura, pero justa:

La mayoría de las personas no.

Jamás se liberarán del estrés.

Y buscarán cosas con las que obtener ese alivio inmediato, que realmente las desconectan de todo lo demás.

Netflix o similares, ciertas sustancias, ciertos medicamentos, búsqueda de más y más información, y un largo etcétera.

Pero hay una minoría que sí.

Una minoría selecta que trascenderá el estrés.

Y no es selecta porque tenga más dinero, más inteligencia, un título de físico nuclear o el favor de los dioses.

No.

Es selecta porque es cabezota.

Les da igual cuántas veces se choquen contra un muro.

No les importa.

Y no les importa porque tienen su objetivo de conseguir paz real y duradera metido entre ceja y ceja.

Y buscan.

Y prueban.

Y hacen lo que tiene que hacer. Lo que es necesario.

Toman acción y no se cansan de hacerlo. Prueban las veces que haga falta y siguen buscando si algo no funciona. Jamás se quedan en el “es que no hay manera”, ni se conforman con lo que les diga una persona con un título, o un familiar, o un amigo, o quien sea.

En sus entrañas algo les dice que si siguen buscando, tendrán resultados.

Un 90% de las personas que leen esto jamás abandonarán el estrés. Pero ese otro 10% que dan el paso y toman acción, aprenderán algo nuevo.

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Un abrazo,

Manuel Umbert.