O sale o se queda, pero no se va con el tiempo.

¿Qué es?

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El estrés.

Exacto.

Especialmente el estrés generado por no poner esa frontera cuando toca. Al no hacerlo, la gente entra y sale de tu territorio a sus anchas.

Y el estrés no sale, se queda.

Y no se va a ir con el tiempo.

La olla a presión se va cargando y cargando…

Y esto ocurre en esos momentos.

Estás con gente. Quieres decir algo, decir que sí, que no, tu opinión, pero aparece esa tensión interna que crees que te recomienda no hacerlo por supuestas consecuencias que pudiera haber contra ti.

Y si te atreves un poco más, como si esas palabras que estás a punto de expresar las tuvieras en la boca ya para salir, la tensión aumenta.

El corazón late con más fuerza.

Si al final se quedan ahí esas palabras, una parte más cómoda te dirá que hiciste bien, que ya lo intentarás más adelante… pero otra más sabia verá que fue una oportunidad perdida.

Sin embargo, si lo sueltas, probablemente la tensión aumente, quizás tus manos o algún músculo de tu cuerpo empiecen a temblar…

Ahí ha salido.

Se ha descargado a través de tu cuerpo.

Y ese temblor te muestra que has aprendido algo nuevo.

Has liberado una parcela de tu territorio que estaba ocupada.

Poner límites no es tanto prepararse y llevar una estrategia, sino saber qué hacer con la tensión que recorre tu cuerpo en esos momentos clave.

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Manuel Umbert.