Le había dejado sin amigos.
Sin parejas.
Sin paz.
O eso decía él.
El viernes, en sesión con un cliente, me comentaba que había un pensamiento que llevaba años estresándolo, hasta tal punto que, por su culpa, había renunciado a muchas relaciones y había perdido un bienestar como nunca antes.
Yo soy partidario de creer que la mente siempre actúa con una intención positiva hacia uno mismo y que entender esto, puede ir soltando mucha de la tensión que hay solo por estar en guerra contra la mente.
Como que se empieza a firmar la paz.
“Ya, claro, es tan fácil decir eso.”
Es cierto, por eso, de primeras que es más complicado verlo, partamos de cómo lo veía mi cliente:
“Ese pensamiento es mi enemigo, lo odio.”
Igual tú lo ves parecido si hay algún pensamiento que te está estresando.
Entonces.
¿Qué tal si empezamos por ver a ese pensamiento estresante como un abusón?
Alguien que de verdad quiere molestarte, que le encanta que saltes, que te amargues, que te enfades e incluso llores por su culpa.
Bien, pues ante un abusón tienes dos opciones.
O te peleas con él o ella. Ahí puedes perder o ganar, y si ganas será a costa de esfuerzo y probablemente de perder algo también.
O ignorarlo, dejar que se aburra de ver que no reaccionas y se olvide de ti.
Lo bueno del pensamiento es que no puede pegarte, entonces tú tienes total poder de decisión de elegir uno u otro camino.
Si decides ignorarle, es una habilidad que te puedo enseñar: ser capaz de dejar estar cualquier pensamiento sin necesidad de enredarte ni enfrentarte a él en un diálogo interno. Estar en paz pase lo que pase ahí arriba.
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Por tus nuevas estrategias,
Manuel Umbert.
