Lo que me hizo la radiactividad

Durante la carrera me pillé una asignatura optativa:

Ingeniería nuclear.

Básicamente, iba de cómo funcionaban las centrales nucleares, y cómo era una reacción de fusión nuclear (¿o era fisión?).

En una de las clases, bajamos al sótano de la facultad de Caminos. Un espacio algo siniestro, lleno de laboratorios y en el que el aire se sentía viciado.

Entre esos laboratorios, estaba el de nuclear.

Comenzamos ahí la clase, y la profesora empezó a pasarnos trozos de materiales que habíamos estudiado que podían ser radiactivos.

La gente los cogía con mucha desconfianza, otros no se atrevían y, mientras, los que trabajaban ahí se reían de nosotros.

A lo largo de la clase empezaron a contarnos todo sobre la radiactividad. Vimos pórticos de detección de radiación, más materiales, más cosas que sonaban a la serie Chernobil

Y, a medida que pasaba el tiempo en ese sitio, con esa explicación, la gente empezaba a rascarse el cuello.

Yo también notaba picores.

Hasta que uno se atrevió a decirlo.

Obviamente, ese lugar y esos materiales no tenían ningún peligro para nuestra salud.

Pero el lugar, lo que creíamos de todo ello, los datos que nos estaban entrando constantemente en el cerebro durante la explicación, hacían que, más consciente o inconscientemente, llevásemos ahí la atención.

A posibles síntomas de efectos radiactivos en el cuerpo.

Y el que busca, encuentra.

¿Y qué tiene que ver esto contigo?

Que con el estrés pasa lo mismo.

El estrés genera un estado de alerta desde el que filtras lo que pasa en tu realidad.

Se multiplican los pensamientos sobre tus preocupaciones, notas sensaciones que parecen indicar que eso que te preocupa está pasando.

Si te estresa la idea de que tu jefe te despida, ves señales de que ese momento cada vez está más cerca.

Si el estrés viene de un entorno laboral que no te gusta, cada cosa que hacen esas personas las sientes como un ataque.

Si temes que tu agotamiento lleve a que tu pareja se harte de ti, tu mente interpretará todo desde ahí con respecto a él o a ella.

¿Ves por dónde voy?

Y esto se retroalimenta.

Por eso cuando decides tomar acción y decides dejar atrás el estrés, ganas claridad.

Tu mapa se ajusta mejor a la realidad.

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Por tu claridad mental,

Manuel Umbert.