La culpa es el opio del pueblo

Fui a un colegio católico.

Durante 12 años estuve atendiendo religiosa-mente a misa todos los domingos, a la reflexión y oración de la mañana en clase y a las catequesis que se hacían para profundizar en la Biblia.

Y lo que aprendí de todo eso fue que, si me portaba mal, iría al infierno.

Ese colegio no era muy de enseñar la parte amable del cristianismo. Prefería centrarse en el dios vengativo del Antiguo Testamento.

Todo estaba prohibido.

Todo era pecado.

Cada cosa que uno hace le convierte en culpable.

Y eso impregna a nuestra sociedad.

Si le echas un ojo a las noticias, a los programas estos de actualidad… se pasan el día buscando quién tiene la culpa de tal o cual cosa.

Cada tragedia o suceso que ocurre en el mundo, ninguno se plantea cómo solucionarlo, cómo evitar que pase de nuevo… toda la atención se va en ver quién ha tenido la culpa.

Es una constante.

Buscar y hacer pagar al culpable es el nuevo (y no tan nuevo) entretenimiento de la televisión.

Las soluciones están en un quinto plano…

Y quizás tú te encuentres a personas muy inquisitoriales en tu día a día, que les encante señalar, o tú mismo, por cada error, te pones a fustigarte.

O incluso por frustrarte o tener una preocupación muy persistente en la cabeza.

Te empiezas a decir que eres tonto, que por qué no estás bien YA…

Así que, te propongo una alternativa.

Respira.

Date espacio.

Y céntrate en ver cómo puedes hacer para conseguir estar más en paz, sentir más confianza, lograr X objetivo…

Lo que sea que busques.

Foco y energía en tu versión 2.0.

Recordando tu humanidad y tu derecho a equivocarte y cagarla una y otra y otra vez.

Si no buscas confesar tus “pecados”, sino encontrar la forma de estar más en paz, puedes suscribirte gratis a mi newsletter aquí debajo.

Por tu libertad,

Manuel Umbert.