Están entre nosotros.
Tienen nuestra apariencia.
Incluso se reflejan en los espejos…
Pero lo peor de todo es que les encanta tu energía. En cuanto les des un minuto de tu tiempo, ya has caído en su trampa. Y ahí ya es tarde para atravesarles con una estaca de madera.
A partir de hoy espero que estés más pendiente de estas tres señales…
Si eres como yo, organizado, bastante puntual, … este tipo de vampiro puede ser un auténtico grano en el culo…
¿Sabes de esa persona que siempre llega tarde?
Sí, esa que, cuando tú tienes una reunión importante, una presentación de equipo o simplemente has quedado para hacer una escapada de grupo en la que has insistido que es importante salir temprano para no pillar tráfico… siempre, siempre, sieeempre llega tarde.
Y su tardanza no solo te hace perder tu valioso tiempo, sino que te crispa los nervios y entorpece tu trabajo.
Si alguien de tu alrededor se comporta así, sospecha…
Por otro lado, un vampiro ha tenido siglos para pulir sus habilidades de hacerse el inocente.
Ten en cuenta esto:
Quizás conoces a alguien que te llama o cuando te ve se te acerca y en tono amable y nada amenazante, finge interés por ti… y poco a poco va haciendo que bajes la guardia y le cuentes cosas personales que en principio no te gusta compartir.
Al tiempo, ¡oh, sorpresa!, todo el mundo lo sabe.
¿Quién habrá sido el que lo contó…?
Y, por último, si son buenos haciéndose los inocentes, mejores aún son en el exquisito arte de la provocación.
El vampiro es un discutidor nato.
Pero hasta el punto de que todo te lo discute.
Lo que sea.
Busca a toda costa captar tu atención y picarte lo suficiente como para que tires tu tiempo en sus absurdos debates.
Con el agotamiento que eso conlleva, claro.
Atento a estas tres señales.
Reconocer cómo actúan es el primer paso para desarrollar en tu paz repulsiva, la que diluye su manipulación y custodia tu energía.
Si tienes algún vampirillo en tu entorno y no sabes qué hacer con él (o con ella), en mi newsletter gratuita puedes obtener claves de cómo desarrollar tu paz repulsiva y las otras cuatro paces que conforman la paz productiva. A continuación, puedes suscribirte.
Por tu paz,
Manuel Umbert.
