Los Pilares del Cambio

Hablando con un amigo, me comentaba sobre su trabajo.

Se sentía saturado.

Explicaba que él intentaba hacer su trabajo bien, pero el resto de los departamentos que formaban parte de la “cadena de montaje” que tenía la empresa para ofrecer su servicio no tiraban.

Cada uno hacía lo que le daba la gana, no se esforzaban en hacer un buen trabajo, mi amigo tenía que meterse en el terreno de otros para poder hacer el suyo… y decía que le habían puesto la etiqueta del quejica de la empresa.

Esto a él le frustraba demasiado. Sentía que estaba desaprovechando su talento.

Sin embargo, ahí estaba.

¿Por qué seguía ahí a pesar de todo?

Por 3 razones.

1- Lo que se está contando.

La historia, según mi amigo, es que ya había cambiado demasiado de trabajo otras veces. Que eso queda mal en un CV y no le contratarían en otro lado.

O que su formación como ingeniero ya hacía tiempo que fue… por tanto, él no tendría oportunidad de abrirse a un tipo de empleo diferente.

2- Estaba muy cómodo en su situación

Sí. A pesar, de estar frustrado, es una situación conocida. Le permite ganarse la vida, tener sus planes después del trabajo y hacer algún viaje.

Y salir de la comodidad cuesta.

3- Tiene muy claro el no, pero… ¿y el sí?

Es decir, describe con todo lujo de detalle lo que no le gusta de su trabajo, lo que le frustra y le amarga, pero cuando le pregunté que sí quiere… eso costó más.

No lo tenía claro. Solo podía dar algunas pinceladas…

Para salir de una situación de quemazón como la de mi amigo, hay que jugar con estas tres variables:

1- Contarte una historia más favorable y realista para tus intereses.

2- Salir a la zona mágica. Romper con la comodidad.

3- Tener cristalino que sí quieres. Formular en positivo.

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Por tu cambio,

Manuel Umbert.